Realmente no me interesa mucho lo que pase en el PP, no pertenezco a ese partido y son muy dueños de hacer con su partido lo que les plazca. Ahora bien, como ciudadana y afiliada a UPyD, hay algunas observaciones que más que al ámbito político, creo que pertenecen al ámbito estrictamente democrático, civil y ciudadano.

Hoy voy a escribir sobre el silencio. Si hay silencio hay paz, si los ciudadanos no discrepamos, hay paz, si no hay crítica, hay paz. Estoy totalmente en contra de esto. Creo que cuanto mayor debate haya, mayor entendimeinto podremos alcanzar con la otra parte. Sin embargo, a veces, no usamos el lenguaje para comunicar con el deseo de establecer puentes.
Mi marido, que es filólogo, me recuerda que las máximas de la pragmática comunicativa las estableció Paul Grice. Según este filósofo británico, la comunicación, pragmáticamente entendida, debe o debería reflejar cuatro máximas: debe ser informativa, debe ser verdadera, debe ser pertinente y, por último, debe ser clara.
Dicho lo cual, acabo de enterarme de que Grice murió hace ya unos años. En fin, si se levanta de la tumba se muere de nuevo, del susto, digo. Resulta que en todo este lío con el PP absolutamente nadie está diciendo la verdad, ni está siendo pertinente, ni claro, que se lo pregunten a Rajoy que yo cada día que pasa creo que se parece más a una caricatura de lo que fue ni, en definitiva, se está utilizando la comunicación para comunicar ideas ni para debatir.
Estamos asistiendo a una lucha de poder absolutamente cainita y muy perjudicial para la democracia. Eso es lo que veo. Además, todo ello rodeado de un ambiente de corrupción devastadora, que hace el ambiente democrático absolutamente irrespirable.
En fin, el silencio de los borregos es el silencio que nos quieren imponer aquellos quu quieren apropiarse de las instituciones democráticas en beneficio propio para su lucro personal. “Las listas las pongo yo”, dice Rajoy, Una que a pesar de ser muy joven conoce mucho de machismo atávico, al oír esas palabras no puede evitar estremecerse y pensar que
quizá no sea esta generación de españoles la que vea un país verdaderamente democrático
.
Aunque no sea así, UPyD tiene que jugar un papel importante en medio de toda esta degradación.


















